Distorsiones y anomalías en el mercado eléctrico

A pesar de la muy criticada suba de las tarifas de energía eléctrica, en el primer cuatrimestre de este año subieron enormemente los subsidios al sector eléctrico -vía transferencias a CAMMESA entre otras cosas- producto de la devaluación de nuestra moneda.

Si las empresas distribuidoras pudieran negociar libremente con los generadores de Energía Eléctrica contratos a largo plazo, se conseguiría la estabilidad en las tarifas e inversiones genuinas en todo el sector eléctrico. La claridad de la regulación y el marco de competencia en el sector de generación a partir de la Ley 24,065 (año 1992), dio paso a inversiones que permitieron una reducción notable en costos finales a los usuarios y una excelente calidad de servicio, todo lo cual se perdió cuando se rompió el marco regulatorio mediante una serie interminable de resoluciones que no permiten un normal funcionamiento del sector.

A la falta de un marco normativo ordenado, hay que sumarle que el contexto eléctrico enfrenta grandes desafíos: ya no se trata solo del incremento de demanda debido al mayor uso de dispositivos eléctricos, sino también la irrupción de la “Energía Distribuida”– es decir que un usuario pueda auto-generar su propia Energía y entregar los excedentes a la red-, o el fenómeno de la movilidad eléctrica y más aún, la novedad que representa la generación de energía a partir de fuentes renovables en el mercado argentino. Claramente no estamos hablando de un futuro posible, sino de una realidad que nos toca vivir y a la cual se le debe buscar una solución.

Recientemente se conoció la noticia que CAMMESA (es la compañía que administra el mercado eléctrico) contrataría a una consultora internacional para diseñar una nueva regulación del mercado eléctrico; no pareciera el camino más adecuado, pero es imperioso que nuestro país encuentre un marco adecuado para el normal desarrollo del sector eléctrico.